El pecado del hombre ante la santidad de Dios


Es muy importante entender la situación real del hombre natural, es decir, del hombre sin Cristo.

La gran tragedia del ser humano sin Dios, es la de no conocer su situación real ante Dios.

Por lo general, el hombre sin Dios vive en la vida según su creencia: o bien creyendo que esta vida es todo lo que hay, y que después no hay nada; o bien creyendo los postulados de su religión particular.

“El hombre en sí, es la expresión enfática del egoísmo”

Si nos damos cuenta, el hombre no deja de “creer”; eso es innato en él, puesto que es un ser espiritual. Por tanto, le sería muy beneficioso prestar atención y tomar en cuenta lo que el verdadero Dios ha dicho a través de Su libro, la Biblia.

La Biblia, el libro de Dios, en definitiva dice dos cosas que deberían ser del conocimiento de todos los hombres:

1. El hombre - en sí - está eternamente condenado (Jn. 3: 19; Ro. 3: 23)
2. El hombre requiere de la salvación que sólo Dios puede proveer para salir de esa condenación (Jn. 3: 16; Ro. 3: 24)

El hombre natural, es decir, el hombre sin Cristo (1 Corintios 2: 14) está condenado, porque está separado de Dios por causa de su pecado.

El hombre sin Cristo está separado de Dios por el pecado, y su final eterno es el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Ap. 21: 8)

Pecado es vivir conforme a la voluntad de uno, sin considerar la voluntad de Dios.

Aunque ese hombre haya vivido una vida sin excesos, comportándose aceptablemente a los ojos de la sociedad en la que está; respetando las leyes naturales y civiles, y buscando su felicidad sin perjuicio de terceros, e incluso haciendo felices a otros en el contexto de un sano altruismo - todo lo cual en su conjunto sería testimonio más que aceptable según el baremo de este mundo civilizado – aún y así estaría eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión.

Aunque ese hombre haya vivido tal y como lo expuesto justo arriba, añadiendo a ello el haber sido fiel cumplidor de los mandamientos de una religión determinada, buscando a su manera y albedrío el agradar a su Dios; sacrificándose por los suyos, y aún por otros desconocidos – aún y con todo - estaría eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión.

Todavía podemos dar un tercer caso, el de un hombre creyente nominal que siempre ha ido a la iglesia cristiana, que periódicamente lee la Biblia y ora, que jamás dice palabras malsonantes, es servicial, está involucrado en diversas actividades evangelísticas, dando un testimonio cristiano más que aceptable, etc. etc. pero que jamás nació de nuevo verdaderamente (Jn. 3: 3); por lo tanto, ese hombre o mujer, estaría eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión.

Espero que este estudio nos ayude a comprender mejor, no sólo la realidad del hombre ante Dios, sino la respuesta de Dios al hombre; la única respuesta ante la siguiente gran pregunta:

“Si a pesar de todos mis esfuerzos, estoy condenado a pasar toda la eternidad en el infierno, ¿Cómo poder escapar de esa realidad, si es que hay manera?”

Esta pregunta, todo ser humano se la tendría que hacer, así como buscar la respuesta.
“La Biblia nos enseña cual es la voluntad de Dios”

“La Biblia nos enseña cual es la voluntad de Dios”
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1. Preludio

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender…” (1 Corintios 2: 14)

El hombre natural, es decir, el hombre sin Dios, no puede por él mismo entender y percatarse de las cosas de Dios. Vive conforme a la faceta natural, pero está muerto en cuanto a la percepción espiritual de Dios, y todo ello a causa de esa separación producida por el pecado.

El pecado causó separación del hombre respecto a Dios. El aceptar que lo que al hombre le separa de Dios es el pecado, es clave para proseguir en el entendimiento de toda esta cuestión.

¿Por qué el hombre natural está condenado, y desde cuando esto es así? Remontémonos al principio.

Cuando al sexto día Dios terminó Su creación (Génesis 2: 1), vio y consideró que todo lo que había hecho era bueno en gran manera (Génesis 1: 31). No había pecado, sino inocencia.

La muerte no existía. De hecho, no había enfermedades, ni catástrofes naturales, ni ningún tipo de deficiencia. El clima era ideal, y todo rebosaba vida y bien sobre la tierra.
“En el principio todo fue creado perfecto”

“En el principio todo fue creado perfecto”

El hombre, fue creado por Dios a Su imagen y conforme a Su semejanza (Gn. 1: 26), para mantener una relación de amistad y amor con su Creador, y regirsobre lo que El había creado (Gen. 1: 28-30).

La responsabilidad de todo lo creado sobre la tierra estaba en las manos del hombre recién creado. Y así fue por pocos años (Gen. 1 y 2). Hasta que usando de su libre albedrío, tanto Eva como Adán prefirieron romper su relación con Dios al decidir creer las promesas mentirosas del diablo:

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el Señor había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3: 1-4).

La decisión del hombre de creer al diablo antes que a Dios fue tomada en perfecto uso de su libertad, de su voluntad y conocimiento, por lo tanto había responsabilidad y consecuencias.

Esa decisión motivó la ruptura eterna de relación entre la criatura y su Creador. Por todo ello, la desobediencia de la mujer y luego la del hombre (Génesis 3: 6), desencadenó maldición. Esa maldición vino sobre toda la tierra hasta hoy…

“...maldita será la tierra por tu causa (la de Adán), con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra...” (Génesis 3: 17-19).

Al estar el hombre separado de Dios, la muerte entró en el mundo. No sólo la muerte del mismo hombre (Génesis 2: 17), sino la muerte de todo lo creado sobre la tierra.

Esta caída en cuanto al hombre, hay que entenderla en toda su medida; significa: condenación eterna.
“El infierno es un lugar real y eterno adonde van todos los que se pierden”

“El infierno es un lugar real y eterno adonde van todos los que se pierden”

El hombre se condenó a sí mismo al romper unilateralmente su vínculo con Dios su Creador, por pecar contra Él con conocimiento de causa.

Esta es la consecuencia del mal uso de la libertad y de la voluntad que le fueron otorgadas. Dice la Biblia:

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5: 12)

“...la muerte entró por un hombre (Adán)...porque así como en Adán todos mueren...” (1 Corintios 15: 21, 22).

En su contexto general, el resultado de la desobediencia de Adán ha quedado más que patente a través de toda la historia de la humanidad: más pecado y maldad con sus consecuencias a priori y a posteriori: violencia, muerte, enfermedades, hambruna, desgracias, y un largo etcétera que todos conocemos tan bien.

A ese mal, habría que añadirle otro. A causa de la insaciable soberbia del ser humano alejado de Dios, el hombre busca el endiosarse. Aprovechándose de la vida que Dios le concede sobre esta tierra, el hombre sea abierta o calladamente, prescinde de Dios y se levanta en su espuria autosuficiencia con sumo descaro.

Pero el hombre no fue creado para ser un dios, y esto es lo que muchos irresponsables no entienden aún. El pretender ser dios de su vida, le lleva a una inexorable perdición, porque haciendo así, se cierra a sí mismo toda puerta a la humildad y humillación ante Dios, el Único que le puede salvar.

El hombre fue creado para vivir en dependencia de su Creador.

El hombre no puede tener vida en sí mismo. Sencillamente, no es así. El pretender esto, es dar la espalda a Dios el cual en Cristo sí es la vida (Jn. 14: 6; 1 Jn. 5: 12); y perderse para siempre.

El pecado de Adán trajo otra consecuencia añadida: el hombre ya no pudo, ni puede, hacer nada por sí mismo para restaurar lo que él mismo rompió, y sigue rompiendo cada día.
“El hombre actual, por lo general, se cree auto suficiente respecto de Dios, por eso vive en un terrible y mortal engaño”

“El hombre actual, por lo general, se cree auto suficiente respecto de Dios, por eso vive en un terrible y mortal engaño”
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2. El hombre es básicamente malo

Todos los hombres fueron alejándose paulatinamente más y más de Dios, como consecuencia de su corazón no regenerado.

El hombre no es básicamente bueno, sino básicamente malo. El mismo Dios declaró: “...el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud...” (Génesis 8: 21). Esto quiere decir que desde que el ser humano tiene uso de razón, peca y es un pecador. Esta es la realidad. A pesar de lo que dicen ciertos incautos, la Biblia asegura:

“Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7: 20). Prosigue diciendo: “No hay justo, ni aun uno...por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3: 10, 23).

Por contrapartida, toda religión sin Cristo, básicamente enseña que haciendo obras buenas más que malas, uno irá poco a poco regenerándose o salvándose, o como se le quiera decir, porque la balanza se inclinará más hacia el lado bueno. Esto no es más que una simpleza y error.

Imagínese que tiene en su mano una jarra de cristal llena de agua sucia, ¿Qué haría usted para que, en vez de tener esa agua sucia, pudiera contener agua limpia y cristalina que pudiera calmar su sed? ¿Añadiría agua limpia a la sucia? Estoy seguro que no haría eso. Añadir agua limpia al agua sucia, ¡sería de ignorantes! En todo caso, lo que haría sería vaciar la jarra, limpiarla, y entonces ya estaría preparada para ser rellenada de agua limpia.

Por años hemos intentando añadir agua limpia, que simbolizaría nuestros pobres esfuerzos por hacer lo correcto, al agua sucia. ¡Al final no teníamos más que... más agua, y agua siempre sucia!

La Biblia, dice que las buenas obras sin un corazón regenerado, son ese intento de obtener agua limpia que calme la sed. Jamás ocurrirá.

La Biblia es muy clara ante ese intento de ser buena gente ante Dios, sin Dios, porque define nuestras justicias, ¡fíjense! como “trapos de inmundicia”:

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Isaías 64:6).

Por eso, Salomón, inspirado por el Espíritu Santo llega a preguntarse: “¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?” (Proverbios 20: 9).

Y la respuesta a esta pregunta que se planteó el rey Salomón, es: nadie

Pero a pesar de la observación divina, muchos se creen justos en sí mismos, no obstante la Biblia, con nitidez, advierte: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión, pero Jehová pesa los espíritus” (Proverbios 16: 2).

¡El hombre no es un buen juez de sí mismo!

O bien para acallar su conciencia, o bien para sentirse mejor con sí mismos, los hombres intentan aplacar su conciencia a base de buenas obras, pero esas obras no son garantía de nada porque el problema del pecado del hombre estriba en su corazón.

El corazón es la clave. Hay que ir a la base del problema, y no perderse en las ramas.

Dice la Biblia: “Engañoso es el corazón, más que todas las cosas” (Jeremías 17: 9).

El dictado del corazón no regenerado es engañoso.
“El hombre tiene un problema de corazón”

“El hombre tiene un problema de corazón”

El corazón no regenerado es el resultado de la rebelión del hombre natural, del hombre sin Cristo. Ese corazón se levanta como enemigo de Dios.

Sólo Dios puede cambiar ese corazón y darnos el que Él tiene. Así oraba David cuando pecó contra Dios: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu nuevo dentro de mí” (Salmo 51: 10).

Es preciso que el corazón del hombre sea regenerado, porque el hombre tiene un verdadero problema de dureza de corazón.

Dijo Jesús: “Oí, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre...lo que sale de la boca, del corazón sale...Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias...” (Mateo 15: 11, 18, 19).

El pecado es consecuencia directa de un corazón no regenerado, y ese pecado genera la muerte espiritual: “Porque la paga del pecado es muerte...” (Romanos 6: 23).

A su vez, ese pecado origina la separación definitiva de Dios.

Cuando el hombre muere en ese estado, su destino final y eterno es el infierno.

El infierno es un lugar real de eterno tormento que Dios preparó para Satanás y sus demonios. También es el destino de todos los que mueren sin Cristo.

“...los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre...” (Apocalipsis 21: 8).

¿Quién condena realmente, el juez, o el que se condena por su acción?
Por otra parte, la dureza del corazón del hombre sin Cristo atrae la justa ira de Dios:

“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para tí mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2: 5)

Algunas personas quieren evitar este punto diciendo que el amor de Dios cancela la ira. ¡El problema es que malentienden el amor de Dios!

Si prestamos cuidadosa atención a lo que dice este versículo que hemos leído, lo que vemos es que es el mismo pecador el que acumula o atesora ira para sí mismo. ¡El mismo hombre sin Cristo se autocondena!

Si un hombre comete un asesinato, ¿acusamos al juez por emitir un veredicto de condena? ¡No! Fue el asesino el responsable de su destino.

El asesino se condenó a sí mismo cuando cometió el asesinato; el juez sólo aplicó el código de justicia. El Señor Jesús lo definió de manera clarísima, cuando dijo:

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3: 19, 20)
“… el que no cree, ya ha sido condenado…” (Juan 3: 18)

Es el amor por el mal (y a veces éste disfrazado de bondad y de altruismo), el que hace que las gentes se condenen a sí mismas. Por eso la Biblia dice que todos los que se aferran a su pecado, y aún lo justifican (porque en realidad lo aman), condenándose a sí mismos, son cegados definitivamente por el dios de este siglo, que es Satanás. (2 Co. 4: 3, 4)

Véase que creer no significa solamente aceptar tácitamente la verdad en la mente, sino ponerse verdaderamente de acuerdo con Dios.
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3. La Respuesta de Dios

Si Dios, el Creador hubiera sido un Dios meramente justo, nadie tendría la más mínima posibilidad de salvarse. Por justicia, todos merecíamos esa condenación.

¡Si no hubiera Dios hecho algo, el hombre estaría irremisiblemente perdido para siempre!, pero Dios ideó un plan para salvar a los hombres desde antes de la fundación del mundo. La iniciativa siempre es de Dios.

El motivo de hacer así: sencillamente por amor.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”(Juan 3: 16, 17)

Así pues, ante aquella pregunta que todo hombre sobre la tierra debería hacerse – recordemos:

“Si a pesar de todos mis esfuerzos, estoy condenado a pasar toda la eternidad en el infierno, ¿Cómo poder escapar de esa realidad, si es que hay manera?”

La respuesta de Dios es Jesucristo. Sólo Jesucristo es la puerta de escape de esa condenación segura. Él mismo lo dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10: 9)

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14: 6)

Jesucristo, “y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hchs. 4: 12)
“El corazón del hombre sin Cristo está cargadito de pecados”

“El corazón del hombre sin Cristo está cargadito de pecados”

“El antídoto del pecado es la cruz, aplicada al corazón del hombre. Sin la cruz, no hay salvación”

“El antídoto del pecado es la cruz, aplicada al corazón del hombre. Sin la cruz, no hay salvación”
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A. ¿Cómo recibir la salvación a través de Cristo?

Todas las religiones humanas, básicamente enseñan que el hombre es el que debe alcanzar, sea a Dios, o el Nirvana, o el Paraíso, etc. es decir, que el hombre tiene que hacer el imposible intento de salvarse a sí mismo, pero la gran noticia es esta:

“No, que nosotros podamos alcanzar a Dios; sino que Dios nos alcanza a nosotros por medio de Jesucristo: Dios llega al hombre porque el hombre no puede llegar a Dios. Por eso, Jesucristo hombre es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim. 2: 5, 6)”.

Jesucristo bajó del cielo, dejando su gloria atrás, y vino a la tierra en el cumplimiento del tiempo, cuando el Padre le envió, naciendo de mujer (Gl. 4: 4).

Él se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil. 2: 7, 8).

Todo pecador, por la ley, debía morir a causa de sus propios pecados; por lo tanto ningún pecador podía morir por otro pecador; sólo Cristo, por no tener pecado, podía morir por todos nosotros, pecadores.

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos a Dios”(1 Pedro 3: 18).

No todos le recibieron, pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio, y les da potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12), porque Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados (2 Corintios 5: 19)

Por eso el mandato divino es este: ¡Reconcíliese con Dios! Ya que al que no conoció pecado – es decir, Cristo - por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Co. 5: 20, 21). Es decir, el pagó el precio de nuestro pecado y consiguiente condenación, en la cruz.

Pero como la muerte no le pudo retener, Él resucitó de los muertos por la gloria del Padre, para que así también nosotros andemos en vida nueva (Hchs. 2: 24; Ro. 6: 4)

Por ello la respuesta de Dios la podemos resumir con la siguiente declaración escritural:

“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna…” (1 Juan 5: 12, 13)

Lo que separa al hombre pecador de Dios es su pecado que le arrastra irremisiblemente a la muerte eterna. Pero Cristo entregó su propia vida, su propia sangre como suficiente pago para librarnos de esa condenación. El es nuestro único sustituto.

Cristo cumplió toda la demanda de justicia de la Ley de Dios en la cruz del Calvario. Recibiéndole, recibimos Su justicia, Su perdón y Su paz (Ro. 5: 1)

Muchos creen eso de forma teórica, pero jamás han dado el verdadero paso de arrepentirse de sus pecados. Entonces ese sacrificio de Cristo no puede actuar a favor de ese pecador impenitente.

Cuando la Biblia dice que por gracia somos salvos, por medio de la fe (Ef. 2: 8), eso significa que debemos obedecer al precepto bíblico y al Espíritu Santo, que nos lleva a dolernos por nuestra vida pecaminosa, y a renunciar a vivir así, apartándonos de ese mal, para vivir conforme a Dios. Esto significa arrepentirse.

Así que recibir a Cristo, no es sólo un mero trámite mental o religioso, sino un verdadero trámite espiritual y de fe auténtica. La obra de esa fe (Sgo. 2: 17) es el quebrantarnos delante de Dios, asumiendo en Su temor toda nuestra responsabilidad ante Él, y esperando solamente en Su misericordia, creyendo que lo que Él ha dicho es verdad: que hay perdón, restauración y vida eterna en Cristo Jesús, y por esa fe, recibir esa salvación (Ef. 2: 8, 9), creyendo.

“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).

Si usted, querido lector, todavía no se ha reconciliado con Dios, el siguiente, es un modelo de oración que le puede ser útil, si lo hace con fe y verdad ante Dios:

“Señor Dios, me dirijo a ti una vez y por todas, para reconocer que he sido un pecador toda mi vida desde que me acuerdo, y realmente sólo he vivido a mi modo, egoístamente.

Sin ocultar nada, quiero decirte que hoy me arrepiento de todos y cada uno de mis pecados, y renuncio a todos ellos. Renuncio a vivir mi vida según yo mismo, para vivir mi vida conforme a Ti.

Por ello pongo mi vida ante ti para que tú dispongas de ella. ¡Me rindo ante ti!

Te pido perdón por toda ofensa, y te entrego todo lo que soy, esperando en tu misericordia.

Declaro que creo en Jesucristo Tu Hijo, y conforme a tu Palabra, le recibo en mi vida como mi Salvador personal y mi Señor; y con Él, el Espíritu Santo y el don de la vida eterna. Gracias por tu amor y tu salvación; te amo, Padre. En el nombre de Jesús. Amén”.

Viva conforme a esa declaración de fe, e inmediatamente busque una iglesia evangélica, donde le puedan ayudar, enseñándole la Palabra de Dios, y ore a Dios y lea la Biblia todos los días. Gracias por atender.

Dios use este texto para Su gloria.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
www.centrorey.org

Preparado para la eternidad?

¿Está Preparado Para Partir A La Eternidad?

De: Ps. Fernando Alexis Jiménez

¿Está preparado para partir a la eternidad?

Fernando Alexis Jiménez

Miró el reloj. Apenas las cinco de la mañana. Aún no empezaba a clarear. Era comienzo del año y el sol despertaba tarde entre las montañas, somnoliento y perezoso. “Otro día más….”, se quejó Carlos y dio media vuelta en la cama, procurando infructuosamente cancelar el sueño. Fracasó en su intento, y se dio por vencido. “Esta semana parece interminable”, murmuró frente al espejo, en el cuarto de baño mientras se pasaba la mano por el rostro, calculando el crecimiento de la barba. Concluyó que lo mejor sería afeitarse.

Había arrancado varias hojas de calendario. La vida se le convirtió en un corcho girando en la periferia de un remolino en aguas tormentosas. Creía que no tenía sentido vivir. Todo le resultaba igual de monótono. No encontraba diferencia entre un domingo alegre y carnavalesco, y un lunes lluvioso cuando debía ir al trabajo. Días largos, ensombrecidos, color plomo-

--¿Regresas temprano del trabajo?--, le preguntó su madre cuando el joven se disponía a salir.

--No sé, mamá. Tal vez tome un helado con Marcela; pero no creo que demoremos porque debo madrugar. Mañana tenemos comité técnico en la empresa, y como está el gerente, debemos llegar puntuales…--. Se ajustó el chaleco, se colocó el casco y las gafas, y salió sin mayor ceremonia, apurado por el tiempo.

A diferencia de otras ocasiones, la motocicleta encendió sin mayor esfuerzo. El muchacho se dirigió rápidamente hacia el viaducto. Quería llegar pronto a la factoría…

Sus planes se vieron truncados cuando un camión que pretendía adelantar a otro vehículo, le cerró el paso. El impacto seco contra el parabrisas fue lo último que pudo recordar cuando en medio de una gritería y los comentarios afanados de “Está muy grave; no hay tiempo que perder”, en los momentos desesperados cuando lo ingresaban velozmente al quirófano.

--Murió muy joven, con tantos sueños…--dijo su madre el día del funeral--. Apenas tenía veintiséis años y un futuro prometedor. No le alcanzó el tiempo para cumplir todos sus deseos--.

Cada domingo al caer la tarde, la mujer visita la tumba en el cementerio para cambiar las flores. Lo extraña muchísimo y le duele profundamente no haberle tenido más tiempo consigo…

Este puede ser su último día

Jamás tomamos tiempo para pensar que éste podría ser nuestro último día de vida. Es más, cuando alguien nos habla al respecto, solemos reclamarle que no pretenda compartirnos comentarios orientados a llenar de terror la conversación. Siempre pensamos que habrá un mañana, y olvidamos que si hay algo incierto es el futuro.

Hace poco tiempo regresaba en avión a mi amada Santiago de Cali. Si algo anhelaba era encontrarme de nuevo con mi familia. Sin embargo, en la mitad del viaje y aunque el piloto procuró encontrar una ruta más segura, la aeronave entró en una turbulencia que me pareció, era la más tenebrosa de cuantas había podido vivir. El aparato parecía precipitarse en cada nuevo vacío que encontraba en medio de la tormenta.

Detrás de mí una mujer rezaba y un niño, dos filas de asientos más adelante, lloraba mientras su madre procuraba calmarlo. De nada sirvieron los anuncios desde el altavoz para que conserváramos la calma. Ese día pensé qué podría pasar si fuera mi último instante de vida, antes de partir a la eternidad.

Confieso que sentí susto. En los breves segundos que quedaban para pensar, evalué que restaba mucho por hacer. Mi esposa, mis hijos, mis amigos. Tantas personas significativas con quienes todavía restaba aplicar cambios, pedir perdón si les había ofendido y decirle cuánto les apreciaba y llevaba en el corazón.

Cuando el avión tomó pista en el aeropuerto, volví a vivir. En aquella ocasión concluí que quizá todavía no estaba preparado para emprender el viaje final. Es probable que sea su caso. Si se identifica conmigo, estoy seguro que me acompañará a lo largo de este artículo que busca llevarlo a reflexionar respectó de cómo se encuentra su relación con Dios, con su cónyuge, con sus hijos y amigos, y en general, con aquellos con quienes interactúa en todo momento.

Debemos estar preparados

Hay un libro maravilloso en la Biblia que muchos han mitificado pero que encierra profundas verdades y principios que nos ayudan en el proceso de crecimiento personal y espiritual. Se trata del Apocalipsis y hoy le invito para que estudiemos juntos algunos versículos del capítulo 3.

El primer elemento es que sólo Dios sabe cómo está nuestro corazón. Aunque podamos engañar a los demás con un antifaz de hipocresía, el Padre celestial sabe qué hay dentro. De Él no nos podemos ocultar. Por eso, el amado Jesucristo dijo a los cristianos del primer siglo y hoy a nosotros: “Estoy enterado de todo lo que haces y sé que no me obedeces del todo, sino solo un poco. ¡Sería mejor que me obedecieras completamente, o que de plano no me obedecieras!”(Apocalipsis 3: 15. Traducción en Lenguaje Actual).

Una amable señora con la que hablé un día en el terminal de transportes me dijo que no temía partir a la eternidad: “Soy buena. No le hago mal a nadie. Voy a misa cada domingo, y por supuesto, no he matado a nadie. No veo la razón por la que Dios no me recibiera en el paraíso”, explicó.

El curso de la conversación cambió cuando hablamos del asunto desde dos perspectivas importantes. La primera, sobre cómo estaba su relación con Dios—al cual tenía alejado de su corazón desde hacía mucho tiempo--, y la segunda, el error de creer que por sus buenas obras tenía asegurada la vida eterna.

Invariablemente todos creemos que somos lo suficientemente buenos como para que Dios nos salga a deber. En nuestra ingenuidad consideramos que nos merecemos un buen pedazo de cielo, con vista a la playa y todo. Pero es un tremendo error. Una cosa es lo que creemos y otra bien distinta lo que realmente somos. Al fin y al cabo como lo anotara el profeta, nuestro corazón nos engaña: Ustedes se creen buenos, pero son malos y mentirosos; ¡no tienen remedio! Sólo yo, el Dios de Israel, sé muy bien lo que piensan, y los castigaré por su mala conducta.”(Jeremías 17:9. Traducción en Lenguaje Actual)

Jamás olvide que el Supremo Hacedor, en cuyo pensamiento estábamos desde antes que creara el universo, nos conoce hasta en los mínimos detalles. Por ese motivo, debemos hacer un auto examen honesto de cómo anda nuestra vida, y con Su divina ayuda, identificar en qué áreas debemos aplicar correctivos: “Dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva”(Salmo 139:24. Traducción en Lenguaje Actual)

Es tiempo de ser radicales

Cuando descubrimos que nuestra concepción de ser muy buenos, excelentes, dista mucho de la realidad, sin duda concluiremos que llegó la hora de aplicar cambios. Dicha modificación en nuestra forma de pensar y de actuar nos conduce en dos direcciones: la primera, nos pone a cuentas con Dios, y la segunda, nos beneficia y a quienes nos rodean porque a ellos comenzamos a impactarles positivamente, contribuyendo también en su proceso de crecimiento personal y espiritual. ¡Todos ganamos cuando usted se dispone a cambiar con ayuda del Señor!

¿Qué ocurre si deseo seguir como hasta ahora, sujeto a mis propias reglas? Sencillo. Nos encontraremos luchando contra Dios y contra el mundo. El amado Jesucristo fue claro en advertir: “Pero como sólo me obedeces un poco, te rechazaré por completo”(Apocalipsis 3:17. Traducción en Lenguaje Actual)

Piénselo por un instante. ¿Qué ocurriría si hoy mismo, en este instante debiera encontrarse con el Señor?¿Qué le diría?¿Que es muy bueno y da limosnas a los niños que piden monedas en los semáforos?

¿Bajo qué circunstancias podemos señalar que no estamos preparados para emprender el viaje final? Cuando no honramos a Dios, le desconocemos en nuestro andar diario, no atendemos sus instrucciones y mandatos y, sobre todo, cuando nos profesamos como cristianos pero nuestra vivencia de fe es superficial, sin compromiso.

Me causó bastante gracia una película cristiana en la que el protagonista, después de descubrir que pasaba mucho tiempo frente al computador deleitándose en la pornografía, decide destruir el aparato. Un vecino que aprecia la escena, le indica a su esposa que aquél está rematadamente loco. Pero no hay tal. Lo que estaba asumiendo era una actitud radical frente al pecado. Decidido a apartarse de todo cuanto le distanciaba de Dios, y de una buena relación con su esposa y los demás.

Por favor, no me malinterprete. No le estoy diciendo que acabe con todos los electrodomésticos, sino que asuma una actitud vertical, decidida, firme, de desechar todo lo que le lleva a pecar. Recuerde que el primer perjudicado con el pecado es usted mismo. Quienes le rodean también se ven afectados. Y por supuesto, solazarse con los pecados no hace otra cosa que levantar una brecha con Dios.

Aplique correctivos a su vida

El propósito de cambio debe ir acompañado por correctivos. Es una invitación que hace Dios a todas las personas:”Por eso, vuélvete a Dios y obedécelo completamente”(Apocalipsis 3:19 b. Traducción en Lenguaje Actual) Es una decisión que nadie más que usted debe tomar. Nadie lo presiona, ni el Señor mismo: “Si tienes oídos, pon atención a lo que el Espíritu de Dios dice a las iglesias”(Apocalipsis 3:22. Traducción en Lenguaje Actual)

Recuerde que Dios nos abre las puertas a una nueva existencia. El Señor Jesús dijo a los cristianos del primer siglo y a nosotros hoy: “Yo estoy a la puerta y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo.”(Apocalipsis 3:20. Traducción en Lenguaje Actual)

Después de una conferencia sobre el cambio y crecimiento personal, alguien se me acercó y con ese tipo humor sarcástico y a veces exagerado que nos caracteriza a los colombianos, me dijo:”¿Usted cree que eso de cambiar es tan fácil como soplar y hacer botellas?”. ¡Por supuesto que no! Nuestro amado Padre celestial mismo lo sabe. Conoce sus esfuerzos por cambiar y crecer en las dimensiones personal y espiritual, pero no lo deja solo.

Tenga presente que no es en nuestras fuerzas sino en las de Jesucristo, las que Él nos provee, como alcanzamos este propósito. Él dijo: “El discípulo que se mantiene unido a mí, y con quien yo me mantengo unido, es como una rama que da mucho fruto; pero si uno de ustedes se separa de mí, no podrá hacer nada.”(Juan 15:5. Traducción en Lenguaje Actual)

La victoria se obtiene cuando cada paso lo damos tomados de la mano del Señor Jesucristo. No lo olvide: no luchamos en nuestras fuerzas sino en las de Dios. Él nos ayuda a vencer…

¿Ya tomó la mejor decisión de su vida?

La mejor decisión que toda persona puede tomar, es recibir a Jesucristo en su corazón como su único y suficiente Salvador. Es muy sencillo. Basta con una oración. Allí donde se encuentra, frente a su computador, dígale: “Señor Jesús, reconozco que he pecado y deseo cambiar. Gracias por morir en la cruz por mis pecados, perdonarlos y abrirme las puertas a una nueva vida. Te recibo en mi corazón como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Si hizo esta oración, como no dudo que haya sido así, le felicito. Ahora tengo tres recomendaciones para usted: La primera, que haga de la oración un principio de vida diaria. Orar, es hablar con Dios. La segunda, que lea la Biblia, un libro maravilloso en el que encontrará principios dinámicos que le ayudarán en el proceso de crecimiento personal y espiritual. Y por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana. Su proceso de crecimiento se afianzará allí.

Si tiene alguna inquietud no dude en escribirme a fernandoalexis@aol.es o si lo prefiere, puede contactarme al (0057) 317-4913705.

© Fernando Alexis Jiménez

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Acerca del autor:

El pastor Fernando Alexis Jiménez es Conferenciante y Evangelista de la Alianza Cristiana y Misionera “Las Américas”, en Santiago de Cali. Ha recorrido varios países dictando charlas sobre crecimiento personal con fundamento en una dependencia estrecha al obrar del Señor Jesucristo. Contacto (057)317-4913705

Fuente: Artículos Gratuitos Online de Articuloz.com - http://www.articuloz.com/cristianismo-articulos/esta-preparado-para-partir-a-la-eternidad-1438265.html

Esa delgada linea roja

Esa Línea Roja

De: Mariano Cabrero Bárcena

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Aunque es bien sabido que las corrupciones políticas existen en todo el mundo, pero en esos otros países en donde ocurren-los políticos involucrados-poseen el arrojo la gallardía suficientes para dimitir de sus cargos.

Así como los animales necesitan protegerse de las inclemencias del tiempo, los/ las hombres/ mujeres–como animales racionales que somos–, buscamos nuestra casa en propiedad, y no sé el porqué de esta actitud nuestra. Por lo que a través de los siglos transcurridos, ha perdurado la búsqueda de aquélla. Y es que la adquisición de una vivienda digna se ha convertido en un derecho de la sociedad española, comprar porque hay que comprar, podríamos alquilar…: no ocurre lo mismo en los países europeos.

No obstante, hemos de reconocer que ha proliferado la propaganda, y a través de la tele, de que todos los españoles podemos y debemos tener ‘una vivienda propia’–de nuestra pertenencia-: nada más y nada menos. ¡Hay que ver cómo están las hipotecas hoy en día, y los intereses abusivos, que los Bancos se llevan, para conseguir el capital necesario para la financiación de las mismas!

Pasados más de treinta años de democracia, y como siempre, los españoles estamos sin comprender–porque no hemos querido aprender–, a qué tenemos derecho y a qué no, y, sobre todo, cuáles son nuestros derechos y obligaciones: será la balanza de la justicia..., quien nos marque las pautas a seguir hacia un recto y acertado camino. Nos hemos vuelto acomodaticios para conseguir lo que deseamos, y siempre con la ley del mínimo esfuerzo. En resumen: ¡el Estado español ya nos ayudará!

Y continuamos con nuestras peticiones: “Tengo derecho a tomar unas vacaciones, tengo derecho a divertirme, tengo derecho a mantener relaciones sexuales con quien quiera, tengo derecho a tener un piso propio...”, manifiestan muchos jóvenes de hoy en día. Son muchos derechos juntos. Y siempre en nuestra creencia de que el Estado–como gran protector de nuestras vidas–, debe proporcionarnos todos estos bienestares: nada más lejos. Nuestras necesidades primordiales, y sobre todo las de esparcimiento personal, hemos de conseguirlas con nuestro propio esfuerzo. El Estado puede y debe adjudicar pequeñas ayudas económicas, pero nada más. (Lo que sí podía hacer el Estado–sus políticos, concretamente–, consiste en algo muy sencillo y elemental: bajarse sus emolumentos, que son tremendamente altos, y, desde luego, tratar de ser honrados y honestos para con los ciudadanos–que hemos depositados nuestros votos– para buen fin.)

Aunque todos sabemos que ‘la culpa nació huérfana’, sin ninguna duda, los gobernantes, y en cierta manera, son culpables de nuestros delirios de grandeza. Nos inculcaron en nuestras mentes el consabido ‘tengo derecho’ o ‘tenemos derecho’, dado que en sus campañas electorales se dedican a ofrecer “el oro y el moro” a sus posibles votantes. Nos ofrecen toda serie de futuras prebendas y ayudas económicas, que más tarde se convertirán en mentiras piadosas dormidas en el olvido o en la noche de los tiempos, y al finalizar las votaciones.

Pero este sistema democrático español algunas veces ha fallado.Prueba de lo anterior lo constituyó los Grupos_Antiterroristas_de_Liberación (GAL), habiendo intervenido en su resolución “Diario 16" y “El Mundo”. Periodistas como Melchor Miralles y Ricardo Arques fueron los hábiles investigadores que descubrieron el peligroso hecho delictivo llevado a cabo por los “Grupos Antiterroristas de Liberación”. Está organización fue acusada de practicar terrorismo de Estado, y fue financiada por el Ministerio del Interior español, cuando a la postre era presidente del Gobierno, el señor Felipe González. Al presidente del Ejecutivo no se le pudo demostrar su participación en los hechos acaecidos. Pero, a raíz de los mismos, el PSOE perdió las elecciones en las urnas. El periodismo de investigación sentó un precedente en nuestra actual Historia de España, con brillantez, con tesón, con profesionalidad y dedicación, buscando la verdad por muy dura que ella fuese. Éste es el sistema democrático español actual: ni más ni menos, ni menos ni más.

Sí tengo derecho a contemplar la esfera de un reloj–mi viejo reloj de bolsillo, testigo del tiempo–, con visualización de minutos, segundos...: todos instantes de nuestras vidas, que marcan las horas movibles como olas del mar. Y vuelvo a las horas: ...que son leves suspiros de mi corazón, que son rápidas ojeadas de mis ojos. Este último derecho que ejercí al mirar mi viejo reloj de bolsillo, me marcó la hora ineludible de acudir a mi trabajo de todos los días, que es deber u obligación. Ya voy por buen camino, y seré mejor ciudadano español: tengo derechos que recibir, pero cumplo con mis obligaciones ciudadanas. Esta hora mágica ya pasada, fue fiel recuerdo de mi juventud. Fue entonces cuando contemplé los ojos de una bella y hermosa mujer, y que se fue con el ocaso del Sol y con el nacimiento de la Luna: hora mortal. ¡Benditos ojos! Sólo les faltaba hablar de...

Si gobiernos y ciudadanos–con sus corrupciones políticas y conductas –, traspasan esa línea roja, que separa el bien del mal, es cuando la balanza de la justicia cae inexorablemente sobre unos y otros, dictaminando cuáles son los delitos cometidos y qué penas les corresponde. Aunque es bien sabido que las corrupciones políticas existen en todo el mundo, pero en esos otros países en donde ocurren-los políticos involucrados-poseen el arrojo y la gallardía suficientes para dimitir de sus cargos.

La Coruña,10 de noviembre de 2009

Mariano Cabrero es escritor

Copyright

Acerca del autor:

Reseña:
Mariano Cabrero Bárcena
Madrid, 08-11-1938
Casado, dos hijos y residente en La Coruña (España)
Escritor, poeta y ensayista
Funcionario de La Administración del Estado/ Escala Superior, jubilado
E-mail: pedrocruel2005@yahoo.es


Obras:
-Periodismo: ¡Difícil profesión!,1995
-Mi compromiso con el periodismo, 1998
-Reminiscencias de mi juventud, poemas, 1994
-Miscelánea de muertes, sueños y recuerdos, poemas, 1995
-La realidad de mis silencios, poemas, 1997
-La travesía de la vida, poemas, 2001
La Coruña, 27 de septiembre de 2007

Fuente: Artículos Gratuitos Online de Articuloz.com - http://www.articuloz.com/politica-articulos/esa-linea-roja-1439359.html

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